Las palabras que había que incluir fueron calabaza, mecánico y tiempo. Y estos son los relatos seleccionados en primera ronda:

Grupo 1 (María Carvajal Cortés, 1ºB)

Hoy es un día normal, pero mañana es Halloween. Este año haŕe una gran calabaza que hará que todos salgan despavoridos, para conseguirlo le haré algún que otro arreglo. No sé cómo acabará, pero doy por hecho que el tiempo se detendrá. Un retoque por aquí y otro por allá… ¡Terminé! Pulsaré el botón. ¿Qué pasará? ¿Qué es esto? Está brillando. De repente me encuentro en otro lugar, parece prehistórico.

Una historia terrorífica, ¿no os parece? Acabaré de contarla. El científico con su curiosidad no volvió jamás. Aún hoy no se sabe cómo desapareció.

Grupo 2 (Laura León Aguilar, 2ºC)

En un tiempo muy remoto, vivía un mecánico en una lejana colina. Se llamaba Antonio y no tenía compañía. En su tiempo libre, cuando no tenía nada que hacer, cultivaba calabazas.

Un día, llegaba el día de Halloween. En su país se acababa de hacer popular, y una de sus manualidades era tallar una calabaza para ahuyentar a los espíritus. Antonio empezó a tallar todas las calabazas que había cultivado. Puso un puesto en la plaza del pueblo. Todo el mundo empezó a comprarlas y el mecánico se hizo rico.

Grupo 3 (Adrián Gómez Martín, 2ºB)

No había tiempo. Quería despedirse de sus hermanos, quería desearles suerte. No tener boca no era problema, lo decía todo con la expresión. ¡Espera! Tampoco tenía expresión: no tenía ojos. Esperó que se sobreentendiera su pena mientras unas carnosas manos lo transportaban a aquel infierno mecánico. Quería una última mirada a su hogar, un saludo a su familia, pero no pudo ser. Es lo malo de ser una calabaza. Quizá un día le añadieran una expresión. Esperó así poder expresar su pena.

Grupo 4 (Eugenia Núñez Ojeda, 2ºC)

El mecánico iba a celebrar Halloween solo.

No tenía amigos ni familia. Compró una calabaza y comenzó a tallarla en su casa.

Era viejo y avaro. Estaba enfermo y pronto moriría: no le quedaba tiempo.

El frío invadía su cuerpo, como si el mismísimo diablo se apoderase del anciano.

Las casualidades de la vida quisieron que aquel desgraciado muriera en la noche más triste del año, en la que los espíritus son invocados y el demonio juega con los indefensos humanos.

Grupo 5 (Eduardo Sánchez Vega, 1ºC)

Como todos sabemos un mecánico es una persona que arregla objetos. Pero Edu era un mecánico muy peculiar porque arreglaba… ¡calabazas! Esta vez Edu había recibido un encargo muy grande, y cuando digo grande digo una calabaza gigante. Tenía que reparar la calabaza más grande del mundo, y lo peor, en un mínimo de tiempo. Estuvo trabajando días y noches enteras en su taller. Al fin reparó la calabaza y la mandó de nuevo a su destino que, casualmente, era el palacio de la reina de Inglaterra.

Grupo 6 (Marina García, 1ºC)

Entonces el coche se detuvo. Hizo un ruido seco y repetitivo, hasta que se detuvo del todo. Mi padre se veía molesto, mientras yo suspiraba. Estábamos en un campo de calabazas. Se nos agotaba el tiempo. Mientras yo me fijaba en una calabaza con un rostro desfigurado tallado, mi padre hablaba con el mecánico de la gasolinera cercana.

Comenzaba a estar nerviosa, así que cogí una calabaza y tallé yo misma las caras. Mi única distracción para salir de ese infierno… con olor a calabaza.

Grupo 7 (Belén Peche Martín, 2ºC)

Unos años atrás en el tiempo, un mecánico decidió inventar algo, para que el día de Halloween tuviese significado. Este mecánico inventó una calabaza que poseía vida, pro esta al no pertenecer al mundo de los vivos no encajó bien. El mecánico para poder vivir con su creación, decidió morir, para ser igual que ella.

Grupo 8 (Carmen Linero, 2ºC)

Un mecánico es lo único que necesito, pero no cualquier mecánico, sino uno que arregle mi cabeza, ordene mis sentimientos y organice el tiempo pasado; uno que, como una calabaza de Halloween, vacíe y meta luz en mi cabeza. Lo que necesito es un mecánico, un psicólogo, o resumiendo, un amigo.