Las palabras que había que incluir fueron calabaza, mecánico y tiempo. Y estos son los relatos seleccionados en primera ronda:

Ainhoa Gámez, 4ºC

En estos tiempos Fred, el mecánico, nunca tenía tiempo a solas, trabajaba en uno de esos talleres que, inexplicablemente, en tiempos de crisis seguía abierto. Cuando salí del trabajo y llegaba a casa, no le esperaba una familia o un perro o un compañero, sólo facturas y más facturas por pagar.

Elvira Estébanez, 3ºD

Una simple calabaza decoraba el jardín, atemorizando a todo el que se acercaba. Sus vacíos ojos daban paso a un enorme engranaje mecánico,como el de un reloj, sin tiempo, sin vida, sin movimiento. Pronosticando sólo una cosa, la muerte.

Gloria Torres, 3ºC

Apenas le quedaba tiempo. Su organismo mecánico chirriaba, siendo inútil el engrasamiento que le proporcionara. Su vista se había nuclado hace tiempo, o eso aparentaba, ya que uno de sus ojos artificiales era negro como el carbón. En su época había resultado ser un robot exitoso, pero ahora yacía abandonado en el trastero de casa, junto a basura, herramientas y verduras en proceso de maduración.

Ese robot no duraría. Su madre vendría a hacer la limpieza y acabaría en la basura. Cogió la calabaza que venía buscando, y se marchó.

Marina Hijano, 4ºC

Todo sigue igual. A pesar de tantos indignados, estafados y empobrecidos. A pesar de buscar tantos cambios y revoluciones, la gente, en el fondo quiere volver a su vida de antes. Comer sopa de calabaza los domingos en casa de la abuela, irse al Caribe, buscamos hacer las mismas cosas de antes.

«El tiempo pasa pero el hombre nada advierte». Cuanta razón tenía Dante.

No olvidamos lo que fuimos.

«Si sólo eres un simple mecánico». La frase que siempre repiten todos. Estoy cansado de luchar contra lo establecido.

Natalia Cano, 4ºB

Cuatro de la manaña, el movimiento mecánico del reloj me ponía nerviosa, cada segundo pasaba y yo no podía dormir.

Quizás era por el triple café de esta noche, o quizás el sentimiento de culpa que tenía.

El tiempo pasaba y parecía que esa noche nunca iba a terminar, mi pijama color calabaza era el único que no me había abandonado.

Eso sí, lo que nunca me hubiera esperado esa noche es que me llamaran justo a las 4:22 de la mañana y mucho menos que esa llamada acarrearía mi muerte.

Pablo Jesús Sánchez, 4ºC

Y aunque su coche no fuera a transformarse en una calabaza, ya era algo mecánico para ella, algo más que una costumbre. Siempre llegaba a tiempo a su casa para que su madre le contara su cuento favorito: La Cenicienta.

Paula González, 4ºC

Es Halloween, Raúl pasea por las calles adornadas con telas de arañas, calabazas, murciélagos, etc. Está todo el barrio, el mecánico, el pastelero, el barbero… La hija de Susana (la de la panadería) le acerca una cesta en forma de calabaza para que le meta chuches. Raúl la rechaza. Le hubiese gustado volver al tiempo en el que estaba vivo, ahora sólo en Halloween puede salir a la calle, y tan sólo los niños pueden verle. Fueron buenos tiempos, una pena que ya se acabaran.

Robin Albarracín (3ºC)

Fuera, las calles estaban adornadas con calabazas.

Dentro, mi estómago emitió una sonora protesta.

-Cálmate, cálmate… ya vienen, están aquí, falta muy poco… -susurré complacido.

Unos minutos después tocaban el timbre, hacía tiempo de la última vez. Con la precisión de un mecánico, sin pensarlo, abrí la puerta.

-¡Truco o trato! -gritaron los fantasmas, las brujas y los marcianos entusiasmados.

-Trato -respondí, dejándolos pasar al interior de la casa.

La puerta se cerró detrás de mí seguida de una sonora protesta por parte de mi estógamo.