Imagen de estímulo para el microrrelato
Imagen de estímulo para el microrrelato

Categoría Alfa

El viento hacía que las hojas cayeran y golpeasen la ventana de mi habitación. Mi bolso rojo me molestaba y los zapatos me estaban matando.

Salí apresurada y me monté en la bicicleta. Comencé a pedalear, cuando todavía tenía un pie en el suelo.

Muerta de frío, las gotas de sudor me caían en la frente.

¡Pero debía llevarle la carta!

Era mi último deseo.

Llegué muerta a su casa cuando le ví. Iba a sacar la carta, pero, como suelen decir, el silencio vale más que mil palabras, y le besé.

Sí, simplemente eso.

Eugenia Núñez, 2ºC

Sus últimas palabras sonaron vacías. Le ví montar en el tren con destino a Gales con lágrimas en los ojos. “Nos veremos pronto”, aseguró, pero ambos sabíamos que no era así. Mi corazón no podía aceptarlo. Cogí mi bicicleta y titubeé. Mi cerebro aseguraba que era mejor volver, pero mi corazón no soportaba la separación, no resistía la distancia. Me monté y empecé a pedalear por las adoquinadas calles de Londres. Una niebla se cernía sobre mí a medida que el tren se alejaba…

Adrián Gómez, 2ºB

Me llamaron por teléfono, yo estaba fuera, en la calle.

Era otoño, así que la calle estaba llena de hojas, cogí el teléfono rápidamente, al enterarme de lo sucedido, me monté en la bici y debía de encontrarme con algún familiar, lo más rápido posible, mi madre había sufrido un accidente de coche. Conteniendo mis lágrimas y rezando porque estuviera bien, me dirigí al hospital. Cuando llegué estaba dormida en un sueño eterno. Es aquí cuando me desmoroné por completo.

Belén Peche, 2ºC

Cada mañana a las diez en punto, justo cuando yo “casualmente” salía a limpiar el escaparate y así podía verla montada en su bicicleta y su bolso rojo al viento.

Ya había hablado antes con ella, pero nunca había expresado lo que realmente quería: que cada mañana me diese un beso al pasar por mi tienda, poder tener su bici aparcada delante de mi casa, poder ver su sonrisa y ser el motivo, y sobre todo poder gritarle que me había enamorado de ella.

Carmen Linero, 2ºC

Categoría Gamma

El ruido del chirrido de la rueda de mi bicicleta sobre el asfalto se mantenía en mi cabeza. Hacía mucho frío. Era de estos años donde en primavera empezaban a caer las hojas de los árboles y el frío llegaba de golpe.

Mala época para fugarse de casa.

Pero son decisiones instantáneas, actos reflejos que no se llegan a apreciar las consecuencias hasta que te encuentras apoyado en un muro en una calle sin nombre.

Quiero salir de esta vida: he acabado odiando eso de matar a la gente.

Marina Hijano, 4ºC

Otoño.

El tiempo en el que las hojas caen, crujen y suenan a tus pies.

Los animales huidizos, buscando comida para el frío invierno, correteando de aquí para allá en el parque.

El sol poco a poco saliendo de su escondite, asomándose por la mañana.

El dorado color de las copas de los árboles, reflejando el color del sol, los animales despertándose y asomándose a ver este acontecimiento.

¿Qué puede haber más bello que este hermoso espectáculo?

Ainhoa Gámez, 4ºC

Ángela había huido de su casa simplemente con la ropa que llevaba puesta, y una bolsa de color rojo en la que tenía el móvil y la cartera.

Se había ido en la bicicleta, en medio de la lluvia.

La carretera húmeda, cubierta de hojas caídas vio el último suspiro de Ángela cuando el autobús se saltó el semáforo en rojo y la arroyó.

Quitándole la vida y dejando en mitad de la calle un cuerpo cubierto de sangre escarlata.

Un chico vestido de negro se le acercó, le cerró los ojos y siguió con su camino.

Elvira Estebanez, 3ºD

La mochila atrae la atención de todos los paseantes, les obliga a acercarse, abrir la cremallera y meterse dentro.

Miles de ex-Marías y ex-Antonios abrazan a los nuevos inquilinos y, sonrientes, les susurran palabras de aliento y ánimo, algunos lloran, pero la mayoría todavía no ha entendido que ayudan a una causa mayor, alimentar a los necesitados.

Paro la bicicleta y miro el paisaje, mientras la mochila termina de convulsionarse.

Robin Albarracín, 3ºC