Imagen de estímulo para el microrrelato.
Imagen de estímulo para el microrrelato.

Categoría Alfa

Al viejo le gustaba aquel banco. Prácticamente lo tenía reservado. Nadie osaba siquiera acercarse a las palomas que con tanto esmero el viejo alimentaba. Se cuenta que lleva ahí desde que su esposa falleció. Otros dicen que ha estado ahí siempre. Lo cierto es que una cosa es segura: el viejo les daba de comer por algo. Quizá le gustara su color grisáceo, su mullido plumaje. Quizá le gustaran sus calculados movimientos, su agilidad. Quizá le gustara la facilidad con la que se apartaban de la carretera al ver venir a un coche…

Adrián Gómez, 2ºB

Era Navidad, tiempo de fiestas y alegría.

Mi familia y yo fuimos al centro de la ciudad para admirar la exquisita decoración.

Mi hermano decidió observar las luces cegadoras y mis padres trataron de divisar un asiento entre las personas agolpadas.

Yo, que ese día estaba enfadada, me alejé de mis padres y me hallé en un callejón.

Allí estaba él. Un hombre con el rostro demacrado que estaba junto a numerosas palomas. Su figura macabra me asustó. Olvidé lo sucedido y regresé con mis padres. No tenía razón para estar enfadada, por lo menos no estaba sola.

Eugenia Núñez, 2ºC

Además, aunque no haya pasado a la final, queremos incluir también otro de los relatos de la semifinal, que nos ha gustado mucho, pero sólo podía pasar uno:

Toda una vida reducida a esto; todos pensarían de un simple viejecito cuya única opción consiste en alimentar palomas. Pero no conocen mi pasado, sólo mi apariencia. Nadie pensaría que he podido salvarles la vida, que tal vez les he hecho felices, que a lo mejor gracias a mí ellos están hoy aquí. Ninguno me conoce, pero todos hacen suposiciones sobre mí, al fin y al cabo a los ojos de cualquiera soy solo un simple viejecito con una única afición.

Carmen Linero, 2ºC

Categoría Gamma

Satisfacción. La sangre me llenaba la boca. El fluido espeso dilataba mis ojos.

Sangre.

Al instante sentí esa fuerza que se apoderaba de mí, que hacía que el mundo estuviera al alcance de mi mano.

Pero no era suficiente.

La fuerza se apagaba… Gemí, esa era mi quinta paloma del día, ya no me quedaban más. Mañana tendré que ir a por más.

Maldecí, otra vez tendré que cancelar otra reunión. Pero es un precio menor que me mantiene en este mundo de los negocios, allí sólo sobreviven los más fuertes.

Yo yo había encontrado la fuente de la fuerza.

Marina Hijano, 4ºC

Encontrarse rodeado de aves que volaban a su alrededor, como si pudieran adherirse a su menudo cuerpo.

Parecía imposible, pero las cosas no siempre son lo que parecen, o mejor dicho nunca lo son.

EL hombre se encontraba de espaldas a él, mirando fijamente a los pájaros de color negro, como queriendo fundirse con ellos.

Parecía normal, hasta que se dio la vuelta y dejó al descubierto sus ojos.

No se distinguía la vida en ellos, eran dos pozos sin fondo, una oscuridad en la que te adentrabas, para no salir jamás.

Elvira Estebanez, 3ºD